¿QUÉ HABÍA EN LOS MAJANARES? (DESPOBLADOS MEDIEVALES I)

 

Siempre me ha admirado cómo la historia puede pervivir en la memoria de la gente. Pero, a veces, pervive caprichosamente, velada o deformada.

El lugar que tiene un mayor peso simbólico en nuestras tradiciones es el denominado “los Majanares”, sitio mágico, legendario, primer amanecer de la danza de los diablos, donde ocurrió un milagro, donde hubo algo que cambió el rumbo de nuestra historia.

La memoria colectiva de nuestra gente sabe varias cosas sobre él:

Que allí había un pueblo.

Que el pueblo se llamaba San Clemente.

Que allí encontraron a San Blas y desde allí se lo trajeron a Almonacid con unas mulillas.

¿Es esto cierto? Algunas cosas sí, pero otras no. O, al menos, no son exactamente así.

Para saber lo que había allí tenemos que irnos muchos siglos antes de las mulillas, San Blas y los cencerros. Aunque se ha encontrado cerámica bastante antigua, lo más notable es el gran vicus (un pueblo más o menos grande) romano que hubo allí. La cantidad de cerámica romana que hay todavía en los campos es impresionante. El profesor Enrique Gonzalves, que estuvo dando un paseo por allí, ya dijo que había una borriquería de cerámica romana (todo esto en palabras muy académicas, claro). Además, había restos funerarios, una inscripción dedicada a la diosa Diana, otras piedras “con letras”, monedas (anda que no han trillado el sitio los del detector de metales), sillares, y lo que aún no se habrá sacado… En fin, un señor yacimiento romano.

Por cierto, ¿sabeís cual es el nombre más antiguo, que sepamos, de un paisano de por aquí? Es Cornelius Iulianus, que vivió allí, en los Majanares, hace unos 2000 años.

 

Aquí está nuestro paisano Cornelius Iulianus

El sitio se marchitó y, muy posiblemente, quedaría despoblado durante muchos siglos hasta que llegaron desde el norte los castellanos, a finales del siglo XII. Fue entonces cuando el lugar se repobló, y se construyó una aldea que fue vecina de la nuestra con su término aldeano, su iglesia y todo lo demás. Y ese pueblo NO se llamaba San Clemente.

No me quiero enrollar, pero hay muchas pruebas y documentos que hablan de un pueblo al poniente de Almonacid llamado Fuente de Domingo Pérez. La memoria colectiva en Almonacid conservó este nombre, dado que el lugar también se llamó "Fuente vieja" (es que “Fuente de Domingo Pérez Vieja” queda muy largo). Estimado lector: si ves el adjetivo "viejo" o "vieja" añadido a un paraje, empieza a sospechar que ahí hay "tomate" histórico (camino viejo, villas viejas, etc.).

Aquí van algunos ejemplos de documentos que lo ubican en Almonacid:

 

El "Corral de la Fuente Vieja", en 1905, justo lindando con el término de Puebla de Almenara

Aquí están juntos los dos nombres que ha recibido el paraje, en un mapa de 1905.

Nuestros vecinos de Fuente de Domingo Pérez, establecidos un poco más al sur que el vicus romano, prosperaron gracias a unas ricas tierras de la vega. No sé si se llevaban bien o mal con los de Almonacid (espero que bien). 

Espera.... creo que alguno de vosotros está rebelándose: “que noooo, que se llamaba San Clemente ¿por qué, si no, se ha llamado así siempre?” Lo siento, obstinado lector, pero está documentado que San Clemente fue el santo titular, la advocación de su iglesia, no el nombre del pueblo. Las ruinas de este templo permanecieron mucho tiempo después del abandono del lugar, así que tiene cierta lógica que la Iglesia parroquial de San Clemente acabara por sustituir el nombre original. Pero ojo, que "fuente vieja” también perduró, y éste sí procede del nombre de la aldea. 

Los cimientos de la iglesia, que los labradores siempre han tenido localizada, aún están debajo de un majano que conserva la forma del ábside semicircular orientado al este. Me quedé a cuadros cuando vi una foto aérea de los años 40 que permite aún ver bastante bien su planta, antes de estar cubierta por un majano o que crecieran almendros encima. Para mí es emocionante pensar que San Blas estaría allí dentro.

A la izquierda, una foto aérea de los restos la parroquia de San Clemente de Fuente de Domingo Pérez (años 40).  A la derecha, la iglesia románica del siglo XIII del despoblado de Hortizuela (actualmente en Villar de Olaya, Cuenca). Aunque la primera imagen no es nítida, se aprecia una enorme semejanza entre ambas.

Un sillar de la Iglesia.

Pero, ¿quién era este Domingo Pérez? No lo sabemos con certeza, pero hay una curiosa coincidencia  justo en aquellas fechas. Un tal Pedro Navarro fundó a finales del siglo XII el pueblo de Fuente de Pedro Naharro y su hijo, que era vecino de Uclés, se llamaba…. ¡Domingo Pérez! ¡Atiza!  (nota para historiadores: ya sé que esto no prueba nada, pero no me digáis que no es evocador pensar en un hijo imitando a su amado padre, fundando por ahí pueblos en las recién conquistadas tierras de Uclés y Alarcón y con predilección por  ponerle su nombre a las "fuentes"). Por entonces este territorio era un poco el salvaje oeste de las películas: colonos y pobladores del norte se establecían al amparo real, fundando pueblos y explotando sus riquezas, pero siempre expuestos a las correrías y aceifas provenientes del sur musulmán.

Algo más de un siglo después, don Juan Manuel, auténtico pez gordo de la época, nieto y sobrino de reyes, obtuvo el señorío de estas tierras, a partir de 1305. Parece que le gustaba mucho cazar en el arroyo de la Fuente de Domingo Pérez, lo que hoy conocemos como el río de la vega. Allí iba con sus halcones para cazar ánades, garzas y grullas.


Don Juan Manuel, señor de Villena.

Mucha caza, pero poco aprecio, pues el mismo don Juan Manuel selló el destino de la aldea. Yo creo, pero no pasa de ser una suposición, que se la tenía guardada desde algo más de cuarenta años atrás, cuando parece ser que los de este sitio "pasaron" de acompañarlo a la guerra en Murcia, en la cual tenía mucho interés. Ahora se estaba preparando para otra guerra, fortificando el castillo de Almenara, y decidió erigir un nuevo pueblo por razones estratégicas. El caso es que el sábado 22 de marzo de 1332 apareció en Fuente de Domingo Pérez con todo su séquito, escribanos y demás parafernalia. Y, allí mismo, que para qué nos vamos a andar con tonterías, rubricó y selló el documento fundacional de Puebla de Almenara, la carta puebla de Almenara, por la cual:

 -       · Les arrebató gran parte de su término (lo que delimitaba una senda que iba desde allí hasta San Miguel de Almonacid. Vamos, que les quitó las tierras, estuvieran labradas o no.

-         ·  Les obligó a compartir mancomunalmente todos sus pastos y montes con los vecinos de Puebla de Almenara, los cuales eran esenciales para el mantenimiento del ganado y obtener leña para calentarse y cocinar.

La cara de los de este pueblo, mientras veían firmar a su señor la carta, debió ser un poema. Para el resto de términos afectados (Almonacid, Aceñuela y Hontanaya), las tierras sin labrar se comprarían y las labradas permanecerían en propiedad de sus dueños. Para los de Fuente de Domingo Pérez, ningún miramiento. ¿Cómo subsiste un pueblo si lo dejas sin la mitad de sus medios de vida? Pues a duras penas.

Mi interpretación es que, a partir de entonces, Fuente de Domingo Pérez fue de capa caída. Los documentos siguen nombrando el pueblo hasta finales del siglo XV, pero los últimos hablan de recaudación de algunos impuestos eclesiásticos sobre la producción agrícola que no suponen que el pueblo estuviera habitado. En el transcurso de algo más de un siglo, el lugar quedó deshabitado y en el año 1599, la “Fuente Mingo Pérez” era ya simplemente un pago dentro del término de Almonacid. Sabemos que las ruinas del pueblo, por algunas alusiones en documentos, estuvieron visibles hasta el siglo XIX, donde incluso aparece en algunos mapas de la provincia.


Documento del año 1599 donde aparece el "pago que llaman de
 la fuente mingo perez" en el término de Almonacid.


Y así, con el tiempo, la aldea que estuvo un día llena de vida, queda en la memoria colectiva de forma imprecisa, perdiendo su nombre, pero no del todo; conservando la advocación de su iglesia, pero confundiéndola con el nombre del lugar; atribuyéndole el origen algunas de nuestras más hondas tradiciones, pero transformada en leyenda con tenues alusiones a hechos históricos.

Es razonable suponer que bastantes de sus vecinos, al abandonar su hogar, se asentaron en los dos pueblos más cercanos, tanto Puebla de Almenara como Almonacid. Y esta partición de sus gentes, obligados a ver tan cerca la ruina de sus calles y casas,  pudo ser el origen de otra historia que tiene que ver con una imagen enterrada, una disputa, unas mulillas, un milagro y unos cencerros… que quizá otro día os cuente.



Julián Sánchez Martínez.

(NOTA: este blog tiene una intención divulgativa y, debido a ello, he omitido las fuentes bibliográficas y documentales. Si algún lector quisiera la fuente exacta de los datos que aparecen en el escrito, estaré gustoso de proporcionársela).



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