¡QUE VIENEN LOS CARLISTAS!

 


 

"Calderote" (Primera guerra carlista) de Augusto Ferrer Dalmau (licencia CC)

En el año 1833 España entera se convulsiona con una guerra civil, la primera de las que tuvieron lugar en un siglo infausto. Fernando VII había muerto sin haber dejado descendiente varón, y su hermano, Carlos María Isidro de Borbón, se frota las manos porque él es el siguiente en la línea de sucesión según la Ley sálica promulgada por Felipe V en 1713, la cual impedía de hecho que reinaran en España las mujeres.

Fernando VII había sido un rey desastroso, cobarde y traidor a su propio pueblo. Entre otras cosas poco edificantes, celebraba con fuegos artificiales las victorias de Napoleón sobre las tropas españolas, pateadas en el trasero una y otra vez intentando expulsar al invasor franchute. En sus últimos años, viendo que sólo tenía una hija de tres años (la futura Isabel II), rescata la Pragmática sanción y la convierte en heredera, metiendo al país en un embrollo legal de padre y muy señor mío. El caso es que los partidarios de Carlos dicen que nanay, que el rey es él, se agarran a la Ley sálica y se levantan en armas, dando lugar a una guerra entre compatriotas: había comenzado lo que conocemos como Primera guerra carlista. Excelente idea esta de comenzar una guerra, que era justo lo necesario para levantar el país, después de haber perdido pocos años antes casi todo el imperio americano.

Los hermanos Carlos María Isidro (que pretendió ser Carlos V) y Fernando VII. En esta época Carlos ya no le decía a Fernando "chache". No digo lo que pienso de estos dos porque me cierran la página

El domingo 3 de febrero de 1839 el Almonacid se danzó de nuevo a San Blas. Luego vinieron San Blasillo y el Nieto, que fue el martes. Aún andaban los almonaceños con las agujetas y dolores varios que provocan las danzas, cuando el sábado, día 9, aparecen por aquí las tropas carlistas. Se trataba de la temible partida dirigida por Vicente Rugero y su hermano Francisco, más conocida como la partida de Palillos, que llegó a contar con más de 500 hombres.  A partir del año 1833 se dedicaron a combatir a los liberales por toda la Mancha y se hicieron fuertes en el castillo de Cañete, desde donde asolaban las tierras de Toledo, Cuenca y Ciudad Real. No se piense usted que se dedicaban siempre a combatir bizarramente las tropas enemigas, pues en numerosas ocasiones cometieron todo tipo de tropelías, pillajes y saqueos ante poblaciones indefensas. Me resulta especialmente curiosa la tendencia que tienen los necios con mando, acreditada durante siglos, de quemar documentos y libros durante las guerras (y fuera de ellas). Pues bien, estos señores se dedicaban, entre otras cosas, a quemar parte de los archivos de los pueblos, con especial manía por el registro civil.


Estandarte de la partida de Palillos

Pues apareció esta gente, decía, por la parte de El Hito, imaginamos que causando gran inquietud en la gente de Almonacid, dada la fama de estos "defensores de la religión". Pero no fueron los únicos que aparecieron… Una partida de cazadores de la Guardia Real, así como otras dos del ejército regular, había salido de Cuenca al mando del teniente Esteban Urrea Portillo. Llevaban persiguiéndolos un tiempo, y los acometieron a caballo en Almonacid del Marquesado. ¿Dónde fue esto? Pues entre Almonacid y El Hito. No puedo ser muy concreto en esto, aunque la carta arqueológica lo ubica en la parte oriental del término, un poco más debajo de El Charco, cerca del arroyo. Las noticias que tenemos nos dicen que 32 jinetes de la Guardia Real hicieron una buena escabechina entre los carlistas, matando a 24 de ellos. Las tropas isabelinas únicamente contaron dos heridos (un cabo y un soldado) y un caballo muerto.

Cazadores de la Guardia Real como los que lucharon en la contienda de Almonacid contra los carlistas

La importancia de esta acción no está tanto en el número de combatientes, sino en la relevancia de los muertos de la partida carlista caídos en Almonacid, a saber:

-       El coronel Ramón Rodríguez Cano, apodado “la Diosa”. Este salvó en una ocasión la vida del máximo jefe militar carlista, Ramón Cabera, el “tigre del Maestrazgo”.

-       El célebre “cura de Malagón”, segundo jefe de la partida de Palillos.

-       Zacarías Palillos, hijo del jefe de la partida. Quizá la muerte más trascendente para nuestra historia.

Así cuenta este episodio Patricio Calleja, militar y político republicano y revolucionario, que participó en el combate:

Debo hacer constar que soy federal desde el año 1868, y aseguro moriré siéndolo; soy republicano desde que nací, y mecido en la cuna de la libertad de mis padres y abuelos, que en defensa de la causa perdieron vidas y haciendas, y el día 9 de Febrero de 1839, recibí mi primer bautismo de sangre al lado de mi padre, miliciano, en las viñas de Almonacid del Marquesado, contra las huestes carlistas de D. Zacarías Palillos, La Diosa y cura de Malagón, muertos los tres en aquella acción, terror de aquella comarca y autores y directores del célebre melonar de  Beteta, donde enterraban vivos á los liberales, dejándoles la cabeza fuera de la tierra para jugar con ellas á la gallinita ciega en las noches de luna las honradas y salvajes masas cristianas del Sr. Pidal”.

Por otra parte, el teniente Urrea Portillo, redacta el siguiente parte de la acción:

Parte dado desde Montalvo en 9 del actual por el teniente de cazadores á caballo de la Guardia Real don Esteban Urrea Portillo, aparece que este oficial con una partida de su cuerpo y dos pequeñas del ejército salió de Cuenca el dia anterior, dirigiéndose por el pueblo de Horcajada de la Torre, Valparaiso y otros, donde se le unieron algunos nacionales, en busca de una fuerte facción de caballería mandada por el llamado brigadier Zacarias Bugeros Palillos, hijo mayor del cabecilla del mismo nombre, jefe de las facciones de la Mancha. Después de una larga y constante persecución logró darle alcance con 32 caballos en el pueblo de Almonacid, siendo el resultado quedar muertos en el campo el mencionado Zacarías y 24 hombres más, entre ellos algunos titulados oficiales según el traje que vestían, quedando en nuestro poder 12 prisioneros, todos heridos, y entre los que se encuentra, y lo está mortalmente, el cura de Malagón. Nuestra pérdida ha sido la de un cabo y un soldado heridos, y un caballo muerto”.

Palillos era un hombre duro y terrible, que muchas veces había perpetrado muertes contra prisioneros militares y civiles. La muerte de su hijo no quedaría sin consecuencias. El día 25 de ese mismo mes, 180 jinetes de la partida de Palillos se dirigen a la villa de Orgaz, en Toledo y, en venganza por la muerte de su hijo, perpetran una auténtica matanza en este pueblo. Un total de 47 personas fueron muertas, once personas fueron apresadas para pedir rescate, una mujer fue violada repetidas veces de forma horrible y se dedicaron a robar e incendiar el pueblo. De los once rehenes sólo regresó vivo uno, a pesar de que varias familias pagaron la cantidad exigida, además de someterlos a humillaciones y torturas varias. Si el lector quiere estremecerse con una detallada descripción de estas barbaridades, la puede encontrar aquí.

 Monolito en memoria de las víctimas de la partida de Palillos en Orgaz (www.villadeorgaz.es)

Hoja conmemorativa a la memoria de las víctimas de Orgaz por causa de la muerte de Zacarías Palillos en Almonacid del Marquesado

Y, como suele pasar en las guerras, y más en las civiles, los del otro bando no se quedaron atrás. El año anterior habían fusilado Francisco Rugero, su hermano, que era también uno de los jefes de la partida. El día 11 de octubre de ese mismo año, los liberales fusilaron a la anciana madre de Palillos, de 81 años, estableciendo además un régimen de terror contra todo sospechoso de colaborar o tener relaciones con la partida. Y todo esto cuando, formalmente, la guerra había acabado el 31 de agosto, aunque Palillos se empeñó en continuarla por su cuenta. Finalmente, viendo su causa perdida, Palillos marcharía a Francia, evitando su apresamiento por los liberales.

¿Qué pasó en Almonacid? La furia de Palillos buscó una presa mayor que este pequeño pueblo, dirigiéndose contra Orgaz. No tenemos documentado nada sobre las consecuencias de la presencia de carlistas en el pueblo, pero se ha transmitido por tradición oral su presencia aquí, e incluso el recuerdo lejano de algún vecino muerto por esta gente. Me sorprende que aún haya gente que recuerde, por relatos de sus mayores, al "capitán palillos" en Almonacid. Dada la tendencia a quemar documentos, posiblemente algo quemarían, anticipo de la destrucción total de los archivos del pueblo cien años después, en otro episodio lamentable de nuestra historia.


Julián Sánchez Martínez

 

 (NOTA: este blog tiene una intención divulgativa y, debido a ello, he omitido las fuentes bibliográficas y documentales. Si algún lector quisiera la fuente exacta de los datos que aparecen en el escrito, estaré gustoso de proporcionársela).

 

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