Algunas frases sobre Almonacid
Hoy quería compartir con vosotros algunas curiosidades. Se
trata de frases o fragmentos escritos que sobre el pueblo de Almonacid del
Marquesado en libros, manuscritos y documentos y que, al menos a mí, me
llamaron la atención en su día. Son frases que, a veces, permiten imaginar cómo
era visto el pueblo por personas ajenas o bien por sus propios habitantes. Algunas
reflejan atmósferas, comportamientos, curiosidades… son frases que parecen condensar
a veces la esencia de un pueblo. La mirada del viajero o del forastero contiene en ocasiones valiosas apreciaciones, porque ve inusual y raro lo que nosotros
consideramos normal, o repara en matices que nosotros, precisamente por su
familiaridad, no sabemos ver.
Nuestro pueblo siempre ha sido humilde, por no decir pobre.
Desde hace siglos, los documentos reflejan en varias ocasiones esta
circunstancia, a veces de forma descarnada. Así describen al vecindario en el
año 1752:
“Y no habiendo en esta Población industrias comercios ni
artes útiles, se convence ser sus vecinos sumamente pobres y que los que se
ocupan en el ejercicio de labradores deben ser regulados como meros jornaleros,
y que como tales ganaran al día cuatro reales de vellón ocupados en dicho
ministerio y lo mismo sus hijos hermanos y cuñados con el propio destino”.
En 1940, el propio Ayuntamiento lo resume así: “este
pueblo tan pobre y mísero”.
Y claro, ante cualquier circunstancia adversa como las malas
cosechas, o plagas la cosa se complicaba mucho. Este texto es de un documento
de 1599 (transcrito en castellano moderno):
“[…] decimos que por cuanto para el remedio y provisión
de pan y de la necesidad grande que de esta villa y sus vecinos, mayormente los
pobres, tiene y espera tener este presente año a causa de la esterilidad y poca
cosecha que del dicho pan ha habido en la dicha villa, que por las
esterilidades de los dos años que anteceden y por la saca de trigo que esta
dicha villa se le hace para la provisión de la corte del rey nuestro señor, se
espera que será la dicha necesidad grandísima”.
Este otro párrafo corresponde a un documento del año 1805,
año en que las debieron pasar canutas:
“y que por los infortunios y contra tiempos tan públicos
y notorios que han padecido se halla totalmente despoblada y dudada, que como
va dicho reducidamente han quedado la mitad de sus vecinos por haber fallecido
la mayor parte y otros ausentado a otras provincias”.
El caserío de Almonacid tampoco llamaba la atención por su
monumentalidad y riqueza. Así lo describe el diccionario de Madoz en 1850:
“Tiene 177 casas de mala construcción, y pocas comodidades,
formando varias calles, algunas de las cuales se ponen intransitables en tiempo
de lluvias”.
El caserío de un pueblo castellano que componía una estampa
casi perteneciente a siglos anteriores es algo que llamaba la atención a los
visitantes, como a Pío Caro Baroja en 1964:
“Seguimos el camino y, tras el otero, apareció el pueblo.
Nos acercamos despacio y, tras recorrerlo, encontramos la calle que nos llevó a
la plaza. Ésta era irregular, con unas cuantas casas melladas que no cierran el
coso: casa pobres de piedra y argamasa, de una sola planta, seguidas de las
bardas de los corrales, con sus puertas anchas a las solanas del campo por las
que salía el señor Quijano. Aquella pobreza secular de olla y canto de los
gallos me entusiasmaba, notaba que con el aire frío y el sol me llenaba la
sangre, era un regato de aire castellano que me inundaba el pecho”.
De ese mismo año es la bonita descripción de su hermano
Julio:
“Almonacid – ya se puede colegir por lo que decía Madoz –
no es un pueblo monumental, de grandes perspectivas. Es un viejo pueblo
castellano, con casas de piedra y yeso, blanqueadas en su mayor parte y con un
sabor entre manchego y alcarreño, pues se halla en tierra de transición, aunque
más hacia la Mancha que hacia la Alcarria de Cuenca. En calles y corrales se
ven las clásicas galeras de cuatro ruedas, los arados de hierro, con sus
ruedecillas de transporte. Los portones de los corrales mismos nos hacen pensar,
al punto de verlos, en la salida de don Quijote.”
En 1992, Miguel Ángel Peñuelas constata que el pueblo que
vio don Julio Caro Baroja ya no era el mismo:
“Ya no se ven, como antaño, las clásicas galeras de
cuatro ruedas o los arados de hierro en los corralones desde donde parece que
va a salir de un momento a otro don Quijote como lo narró hace medio siglo
Julio Caro Baroja. Estos corralones tienen los portones de chapa y las casas
cambiaron el blanco calino por el ladrillo visto… Parecen nuevas aunque no
habitadas. La emigración no perdona la vuelta de sus hijos a Almonacid más que
para la fiesta o la jubilación”.
En el año 1950, Almonacid tuvo otro ilustre visitante, el
antropólogo norteamericano George M. Foster, catedrático emérito de
antropología de la Universidad de Berkeley (casi na), que tampoco quedó muy
entusiasmado con el aspecto del pueblo. Bastante más contento quedó con sus
gentes, que al fin y al cabo son lo importante de un sitio:
“Su aspecto es el de cientos de otras comunidades grises
situadas en la zona de trigales del centro de España: desolado, sucio,
desprovisto de árboles. La falta de atracción física de la aldea se hizo más
notable el día en que la visitamos, a causa de los pardos cielos de febrero, el
mordisqueante viento y algún ocasional copo de nieve que nos cayó en el rostro
a nuestra llegada. Pero el calor humano con que nos acogieron, sin que les
hubiéramos anunciado la visita, y el frenesí de los diablos danzantes que habíamos
venido a ver, nos compensaron de la incomodidad de las largas horas que
estuvimos en una fría iglesia, en las calles azotadas por el viento”.
Que somos gente maja, está claro:
“Son buena gente estos de Almonacid. Aunque de Diablos
anda suelto el vecindario, cuando a ellos acudes, te ofrecen su casa y su
comida porque ellos definen el lugar como la casa de todos. No tarden en ir a
su caserío porque son buenas gentes y sus fiestas, las mejores de toda la
región, no lo duden”. Miguel Romero Saiz (2011).
“Para el viajero llegado de Madrid o de otras tierras de
España, la gente de Almonacid resulta amable, llana y afectuosa”. Julio
Caro Baroja (1964).
Y es que aquí damos de comer hasta a los japoneses:
“Pero aquí todo es más real, huele mejor, sabe mejor en
la mixtura del zurra que todo el mundo puede catar y el sapillo, las deliciosas
rosquillas que degluten nuestros invitados japoneses sin apenas una sonrisa”.
Raúl Torres (1993).
Luisa Abad se une al consenso en eso de que somos simpáticos:
“El lugar donde se realizaron las jornadas fue el propio
pueblo de Almonacid del Marquesado, en la provincia de Cuenca, cuya magnifica
organización nos hizo disfrutar de tres días inolvidables --aún a pesar del extremo
frío propio del mes de enero--, pues este recordado pueblo nos brindó la mejor
de sus acogidas y nos trataron «como si fuéramos de la familia»”.
Estas jornadas tuvieron varios episodios gloriosos que también
merecen ser recordados, casi sacados de una película de Berlanga (que igual os
cuento otro día). Mucho antes, en 1964, Pío Caro pudo contemplar una de estas
escenas surrealistas en La Cepa:
“Recuerdo la calleja fría, oscura, de casas chaparras con
alguna galera pegada a un tapial; recuerdo que el día de San Blas, a la noche,
hubo baile en la sala de la taberna, y que con el sofoco de las parejas se
empañaban los cristales, y a través de ellos desde la calleja se veía a los
mozos y mozas sudorosos dar vueltas y vueltas, al son de pasodobles que tocaba
un acordeonista acompañado de un guardia civil con uniforme de gala que le daba
a las maracas. Ver a través de un ventano chiquito empañado al guardia civil
muy serio tocando las maracas, era una imagen que nunca he olvidado […]”.
Y ¿cómo es el entorno donde se ubica Almonacid? Es
interesante ver cómo lo ven los forasteros:
“Situada en terreno áspero, donde se encuentran algunos
minerales desconocidos, muchas yerbas medicinales, entre ellas la doradilla, la
ruda, y la más fina salvia que se conoce; jaspes de varios colores y abundancia
de pedernal”. Diccionario de Miñano (1826).
“Al borde de la Mancha, cerca de la Alcarria, Almonacid del Marquesado es enlace y frontera geográfica e histórica, con raíces en el campo y con los ojos puestos allí donde la emigración se llevó a muchos de sus hijos”. Luis Calvo (1981).
“Es un pueblo escondido entre uno de los pliegues de la
llanura manchega. Almonacid del Marquesado no se encuentra, ni favorece la
aparición en el horizonte: hay que buscarlo, está en La Mancha secreta y
retirada […]”. Luis Calvo (1981)
Pero la más antigua descripción de una parte de nuestra
tierra es del ilustre don Juan Manuel, que venía por aquí a cazar y dice en
1326:
“Y el arroyo que llaman Val de Almonacid nace en la cima
del valle y entra en el Cigüela debajo de Villas Viejas. En este arroyo hay
pocos ánades y malos pasos” (este es el arroyo que hoy llamamos “de la
Cañada”)
Más le gustaba para cazar el río que hoy llamamos “de la
Vega”:
“Y el arroyo de la Fuente de Domingo Pérez, nace sobre la
fuente y confluye con el Cigüela sobre Membrillera. En este arrollo hay muchas
ánades y es muy buen lugar para cazarlas con halcones, desde su nacimiento
hasta que entra en la hoz debajo de la fuente, y a veces acuden allí garzas; y
dice don Juan que ya las cazó allí con halcones; y al tiempo de la siembra y de
las uvas hay muchas grullas, y el resto del tiempo siempre hay dos o tres pares
de grullas de morada”.
Por último, os dejo dos frases de Luis Calvo (1981), sobre la
atracción que ejerció nuestro pueblo durante un tiempo en los antropólogos:
“Pero aquí está, otra vez, Almonacid del Marquesado, el
“Jordán” de folkloristas y antropólogos, ofreciendo su baño purificador […]”
Hasta aquí el recorrido por frases dedicadas a Almonacid.
Espero que os haya gustado.
(NOTA: este blog tiene una intención divulgativa y, debido a ello, he omitido las fuentes bibliográficas y documentales. Si algún lector quisiera la fuente exacta de los datos que aparecen en el escrito, estaré gustoso de proporcionársela).

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