LA ANTIGUA IGLESIA (HISTORIA DE NUESTRA IGLESIA I)
Pocos monumentos tenemos en Almonacid. Algo de patrimonio
hay, alguno bastante interesante y bien conservado, pero hay que reconocer que
no es un pueblo monumental. Lo que más define el paisaje urbano de nuestro
pueblo es su iglesia, que es su edificio más importante, uno de los más
antiguos y verdadero centro de la vida religiosa durante siglos. Hoy me gustaría compartir un poco la historia de
este templo, una historia lo suficientemente extensa para hacerlo en varias
entregas:
- Cómo era la antigua iglesia, que ocupaba el solar de la actual.
- Cómo se gestó la nueva iglesia, desde el siglo XVII.
- La construcción de la nueva iglesia, a principios del siglo XVIII.
Es una historia extensa y con muchas cuestiones que, espero,
os resulten interesantes, con pleitos, polémicas y anécdotas.
Viajemos a finales del siglo XII, en plena Edad Media. Uclés
ha sido incorporado definitivamente a Castilla en 1157 y Alarcón había sido
conquistado den 1184, poco después de Cuenca. Ahí tenemos la pequeña aldea de
Almonacid, Almonastir en hispano-árabe, que se va adaptando a una nueva
situación. Alarcón será el núcleo fundamental del que dependerá nuestro pueblo
a partir de esas fechas, siendo repoblado en el sexmo de Zafra. Hasta aquí vienen
gentes del norte que se funden con las que ya habitaban el lugar. Una de las
primeras cosas que hay que hacer es construir una iglesia. Ignoramos qué había
antes en ese solar. Posiblemente un edificio con función religiosa (¿el antiguo monasterio que dio nombre al pueblo?, ¿una mezquita?, ¿nada?). Con los datos
que tenemos, es imposible de saber.
Como decía, la construcción de una iglesia, hecha al estilo
imperante en la época, es una de las primeras labores que se acometen, pues es
necesario incorporar las nuevas parroquias al recién creado Obispado de Cuenca.
En muchos pueblos podemos aún observar las pequeñas iglesias rurales que se
erigieron en esta época: unas coquetas iglesias de estilo románico rural, con
sus ábsides, sus portadas abocinadas, sus pequeños capiteles, sus frescos, sus
canecillos… una delicia para los amantes del arte medieval.
La iglesia de Almonacid, por los testimonios que se conservan, debió de ser una pequeña iglesia de este tipo, aunque no podemos estar seguros. Para que os hagáis una idea, podemos observar algunas que aún se conservan, en pueblos de este obispado, y que serían similares. Tenemos en todo caso un precedente muy cercano, que es la iglesia de Fuente de Domingo Pérez, que debió ser muy similar a la de Almonacid, y cuya planta aún era visible hace unas décadas. No debió ser un gran monumento, pues la población de Almonacid en aquella época sería escasa.
Esa iglesia se describe en algunos documentos muy posteriores, gracias a los cuales sabemos:
- Que constaba de una nave.
- Que la iglesia era “de cal y canto”, es decir, de mampostería (otras veces dicen “de piedra y yeso”).
- Que su cubierta era de madera “labrada a lo viejo”, es decir, que tenía un artesonado en lugar de bóvedas.
- Que su campanario tenía tres campanas. Posiblemente sería una espadaña, no una torre de campanario.
- Que dentro tenía cinco retablos dorados, uno de ellos dedicado al Cristo de los Milagros. El retablo del altar mayor era “de talla y pincel”, lo que nos hace suponer que tenía pinturas e imágenes.
- Que el ábside (donde se coloca el altar mayor) era más estrecho que el cuerpo de la iglesia.
- Que los “altares” o capillas laterales eran muy estrechas.
Aquí una selección de iglesias románicas "de repoblación" del Obispado de Cuenca, que serían similares a la que hubo en Almonacid:
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| Iglesia del despoblado de Uterviejo, en el Obispado de Cuenca. La planta de la iglesia debió ser muy parecida a esta. |
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| Iglesia del antiguo pueblo de Caracena del Valle, cerca de Caracenilla (fotografía de Javier González para turismodeobservacion.com) |
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| Aquí una de las que aún están en uso: la iglesia de Villarejo-Periesteban, del mismo tipo que las anteriores, aunque con un campanario nuevo (Licencia CC - Wikipedia Commons). |
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| Cubierta artesonada de Nuestra Señora de la Sey, en Valeria, Obispado de Cuenca. La cubierta de la primitiva iglesia debió ser parecida (foto de amr-arquitectos.es) |
Una de las cuestiones que quedan por aclarar es el porqué se dedicó este tempo a Santiago Apóstol. Durante mucho tiempo esta advocación sirvió (y aún sirve a algunos) para confundir la pertenencia de Almonacid a la Orden de Santiago, cosa que está descartada. En mi opinión, aunque Almonacid nunca perteneció a la Orden de Santiago y su parroquia siempre se incluye en el Obispado de Cuenca, los caballeros de Uclés debieron tener aquí cierta influencia (existe noticia del hallazgo de una cruz de Santiago de cobre en la antigua necrópolis) y, es posible, que intervinieran en la advocación de esta iglesia. No olvidemos que hubo unos nueve años en los que los santiaguistas tuvieron vía libre en estas tierras, justo antes de la conquista de Alarcón. Y también hay que tener en cuenta que los de Uclés intentaron insistentemente hacerse con parte de la extensa tierra de Alarcón en aquellos tiempos, aunque no consiguieron mucho.
El caso es que esta iglesia sirvió durante mucho tiempo
pero, cuando la población creció, aquello se volvió un esperpento. Sabemos que,
a principios del siglo XVII, cuando Almonacid contaba ya con más de 150
vecinos, había muchas quejas sobre el tamaño del templo, pues el panorama era
minino. Los testimonios nos dicen que estaba todo el mundo muy apretado “y
juntos hombres y mujeres” (esto les parecía especialmente escandaloso). Los oficios
divinos no se podían hacer “con decencia”, puesto que había mucha gente de pie “arrimados
a los que están sentados”, “unos sentados encima de otros” y, claro, aquello
parecía más el baile de las fiestas patronales que una misa, puesto que había “mucho
ruido e inquietud” y que “no están con la devoción y atención que se requiere
por estar como están tan apretados”. Hay algunos que no se cortan, y dicen que “la
iglesia de esta villa es tan estrecha que más parece ermita que iglesia”. Otra
cosa que se cuenta como especialmente perturbadora es que el cura tenía que
apartarse cuando le llevaban el misal, al igual que los fieles, puesto que
estaban allí todos apelotonaos como piojos en costura. Cuando la fiesta era señalada y
venían algunos forasteros, la gente tenía que quedarse fuera de la iglesia, porque
no cabían.
Todo era susceptible de empeorar. El día de la Virgen del
Rosario, además de todo eso, se ponía su imagen en andas pero, como no había
sitio, tenían que colocarla fastidiando a “los alcaldes y otros oficiales”, que
tenían que empentar su banco a la Virgen casi sin poder sentarse. Y para San
Blas, no te digo, que encima se hacían “comedias y danzas” dentro de la
iglesia. Pero el día que temían más que un nublao era el del Corpus, puesto que
la gente tenía que ir amontonándose de un lado a otro de la iglesia para que
pasara el Santísimo Sacramento, que salía en procesión.
No es de extrañar que, ante estas irreverentes
circunstancias, los habitantes de Almonacid empezaran a pensar que era necesario
ampliar la iglesia o hacer una nueva. Además, a principios del siglo XVIII, no
sólo era pequeña, sino que ya estaba vieja y deteriorada. En 1709, poco antes
de su demolición, se dice que el campanario necesita “entapizar con cal”, es
decir, que la mampostería se veía suelta y sin mortero y que el edificio se
veía muy antiguo (unos venerables 500 años por aquél entonces).
El caso es que había gentes pudientes que no estaban por la
labor de soltar la pasta para esto tan fácilmente, así que la nueva iglesia fue un parto. Costó
un pleito y hasta ¡un libro! que el obispado nos dedicó por ser tan delicaos. Pero esto os lo contaré
en la próxima entrega.
Julián Sánchez Martínez
(NOTA: este blog tiene una intención divulgativa y, debido a ello, he omitido las fuentes bibliográficas y documentales. Si algún lector quisiera la fuente exacta de los datos que aparecen en el escrito, estaré gustoso de proporcionársela).





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